“Gatsby creía en el fastuoso futuro que año tras año retrocede ante nosotros. Aunque en este momento nos evite, no importa… Mañana correremos más rápido, estiraremos más los brazos… Y una hermosa mañana. Y así seguimos, luchando como barcos contra la corriente, atraidos incesantemente hacia el pasado”
“El gran Gatsby” Scott Fitzgerald
Ayer pude disfrutar de un ratito maravilloso en el cine de verano. “Midnight in Paris” me creó curiosidad desde el momento que vi el tráiler, y llevaba ya días detrás de ella hasta que por casualidad se me vino a las manos en el cine Fuenseca.
Una película que desde el principio hasta el final me dejó un buen sabor de boca, y con las ganas de permanecer sentada durante un largo rato en aquella silla pensando en todo lo que había visto (cosa que no pude hacer).
Woody Allen nos regala al inicio de la película un montón de increíbles escenas de rincones parisinos, que invitan al recuerdo, a todos los que como yo, hemos tenido la suerte y oportunidad de visitar la ciudad de la luz.
A través de la ensoñación, los momentos mágicos y la nostalgia, su protagonista Gil, emprende una nueva aventura cada noche regresando al París de los años 20, cuando la ciudad siempre era una fiesta y compartiendo así momentos muy divertidos e interesantes con Dalí, Picasso, Buñuel, Scott Fitzgerald y su chica (que considera que su talento es beber), Gertrude Stein y Hemingway (ambos mis preferidos en la película), etc y todo ello como modo de evasión de la realidad, intentando encontrar la felicidad en una época anterior.
No solo me sorprendió la cantidad de personajes que se entremezclan y que dan a la película una viveza increíble, sino el tema e hilo conductor de la misma, ya que todo gira en torno a aquel dicho de “todo tiempo pasado fue mejor…”, o lo que es lo mismo, el personaje (un enamorado del París de los años 20) no se siente feliz con su presente y siente la necesidad a través de los sueños de volver a esa época que tanto le fascina, donde cree que puede encontrar la felicidad. Noche tras noche empieza a sentir algo por Adriana y ambos a su vez van un paso más atrás hasta la Belle Epoque, que es la época preferida de Adriana. A su vez, los personajes que allí se encuentran desearían vivir en el Renacimiento, etc. Todo ello lleva a pensar en que la vida suele ser insatisfactoria para todos, y de algún modo soñamos con momentos o lugares distintos a los que tenemos, creyendo que en cualquier otro sitio o época estaríamos mejor.
Me gustó el momento en el que Gil, se da cuenta de que solo podrá encontrar la felicidad en su presente, e intentar volver al pasado para ello, no le servirá de ayuda.
Además de todo esto, me vino a la mente el “París era una fiesta” de Hemingway y aquel “París no se acaba nunca” de Vila- Matas que tanto me enganchó hace un tiempo y con el que disfruté muchísimo.
Sin duda, una película cargada de nostalgia y melancolía, pero increíble.