De oficios y otras tareas diarias…
Resabiado por la monotonía, he abandonado mi oficio para convertirme en "ladrón de consejos a domicilio".
Imaginando las telarañas del techo en una de esas noches en blanco, llegué a la conclusión de que ninguno de mis oficios es una fuente de placer, ni siquiera una excusa para llegar cansado a casa y aplastar el sofá, acariciar la cabeza de un perro, y conversar sobre los pormenores del día. He dejado de ser paracaidista suicida, devorador de napolitanas, voyeur de medianoche, escritor de pacotilla, cocinero de enfermedades, diseñador de aspas de ventilador, taxista en noches de feria, recogedor de cenizas de difunto, bombero en estallidos casuales, ingeniero de cerveza, vigilante de hueco de escalera… para disfrazarme de "ladrón de consejos a domicilio" (como ya dije).
Mi trabajo consiste en lo siguiente:
-Aseado y con los oidos bien limpios llego al portal desconocido, leo el nombre de cada uno de los vecinos de cualquier bloque en el buzón, y aquel que más dolor causa a mi retina, pasa a formar parte de mi lista de vidas en peligro de extinción.
-Subo agarrándome a la barandilla, por si un temblor de piernas descoloca los escalones, o la cal de la pared decide venirse conmigo (señalo aqui que en ocasiones cuento con la presencia de un ascensor, que nunca cojo. Una vez de pequeño me fijé en las cuerdas que sostenían el ascensor de mi abuela, y llegué a la conclusión de que por un momento era como empaquetar a un número máximo de cuatro o cinco títeres y mover la vidas con esos hilos, para alguna vez caer en la tentación de soltarlos, y entonces… pellizo en el estómago. Ese dia fue el día en el que decidí que prefría los medios de transporte que me desplazan de derecha a izquierda, de delante hacia detrás o viceversa, con posibilidad de giros inesperados, pero jamás me dejaría llevar arriba y abajo, a menos que se tratara de un tio vivo reparado; ni siquiera la noria es una buena elección)
-Una vez delante de la puerta, me ajusto las gafas, presiono el timbre de botón y cuelo mi mirada por la mirilla, o bien aprendo a diferenciar las sombras que se escapan por debajo de la puerta.
-Hechas las presentaciones, me siento en el borde una cama, en el brazo de un sillón, en la azotea de macetas rojasm y desde ahí ESCUCHAR. Mi papel, algo pasivo, no consiste en vender, ni en comprender, en asentir con la cabeza o sonreir… nada de eso, basta con ESCUCHAR. Si en mi próxima vida fuera pintor, regalaría cuadros de vidas, óleos de batallas ganadas, carboncillos de encuentros clandestinos, y es que acostumbramos a hablar, a alimentar nuestro ego, a exprimir nuestras vidas, y olvidamos analizar el gesto del que nos escucha (ese soy yo, aunque en mi caso mi intención no es encontrar mi turno de palabra, ni poder compartir mis días, sino ESCUCHAR).
-Al acabar, palmadita en la espalda, y en mi cuaderno consejos de otros más experimentados, intuiciones varias, adelantos de episodios de mi vida, palabras en desuso…Mientras en mi cuarto, una araña confidente sigue tejiendo la historia de mi vida…
Llegado este momento me dirijo a usted, desde el asiento hundido de un tren de corto recorrido, y señalo esto porque seré breve, no será necesario caducar más horas para que éste se convierta en un gran viaje. Pensándolo bien, habrá una posibilidad entre un millón de que usted y yo permanezcamos sentados alguna vez cara a cara en algún trayecto, pero si así fuera cierre los ojos y mire por la ventanilla, imagínese el cielo más azul que nunca,ábralos y míreme, habremos compartido un gran instante.
aquello que contienen, nos pinta una sonrisa permanente en la cara, pero enmudece nuestras palabras, y hace volar las ideas que creías ver bailar cada día sobre tu mano…